El autorechazado

6 November of 2008

Idealista, fraternal, casual, libre, onírica, clandestina, mágica, absurda, jovial o delirante son algunos de los adjetivos que podrían describir a la rave, fiesta que supone crear una comunidad durante una noche o más (el tiempo no es importante) en la que los personajes viven en sincronía con el beat. Una experiencia sensorial al borde del sistema, sin oponerse, sin levantarse, evadiéndose, llena de decibelios y químicos.
La aparición del termino rave se remonta a los años cincuenta, cuando denominaba a las fiestas salvajes y bohemias que se realizaban en Inglaterra, aunque tal y como lo conocemos, se forjó en los ochenta durante la escena de fiestas ilegales en bodegones aislados de la civilidad londinense, ahí mientras transcurría el segundo verano del amor se criaron los primeros ravers. Estas fiestas congregaban a miles personas de todas las razas con el único objetivo de disfrutar de música con alma, el Acid House, primer género del electrónico asociado a la escena.
El estereotipo del raver se fue formando desde esas épocas, poco preocupados por tener un código de vestimenta o los mismos ideales políticos, se definieron bajo el eslogan PLUR (peace, love, unity & respect), trasciendiendo las diferencias sociales. Se muestran como culto, unificándose. Se vuelcan a encontrar en la fiesta el contacto con el DJ-chamán, líder de clan, dador del trance inducido a través del baile y los curanderos, proveedores de los elixires para explorar la consciencia; dejando entrever en todo el irigote la realidad última y superior, dando lugar a una sociedad utópica. La rave es ante todo una experiencia comunal en la que todos los integrantes son iguales y amigos pues tienen un objetivo común: crear una burbuja que por una noche los proteja de los horrores que supone la realidad.
Las primeras fiestas de este tipo se hacían publicidad de boca a boca, susurrando, la locación era un misterio hasta pocas horas antes del evento, esta tradición sigue hasta nuestros días; no así la gratuidad: absorbidas por el mercado, se vuelven entretenimiento multitudinario y redituable, no olvidemos Beat on the beach, realizado en Acapulco, cuya distribución de boletos la hizo SmarTicket, quizá la siguiente edición la veamos producida por OCESA; o el famoso Love Parade que vio su primera edición, allá en el lejano 1989, sumida en el underground de Berlín, y que ahora es patrocinada y hasta una marca registrada que tiene una de sus franquicias en México.
La música creada electrónicamente, desligada de la narrativa usual del pop en la que el tiempo funge como linea conductora: verso - estribillo - verso, se discurre en el espacio, entrelazando capa tras capa de sonidos, cuya procedencia nos podría remontar a un riff de alguna banda clásica de los setenta o a el canto de un pájaro pasado por reverberación, filtros y distorsión; el énfasis en el sonido nos aleja de la seducción heterosexual y nos ubica en una naturaleza no verbal, el objetivo es crear una sensación sin contarnos historias, esas se dejan a las personas que conviven en la pista de baile.
La sobrecarga sensorial, con la ayuda del MDMA y otros venenos, los lleva al interior, a lo que nos define fuera de genero, raza, religión o estatus. El raver aprecia por encima de todo la buena vibra, la sonrisa, el sentimiento de unión provocado por el baile al unísono y asíncrono. El uso de drogas provoca un gran sentimiento de hermandad con los que se comparte, un remanente de la influencia hippie, claramente visible en cualquier rave.
Un detalle curioso y muy característico de las raves es que el ligue es prácticamente suprimido, el contacto con el de-a-lado es muy común pero poco importa si es hombre o mujer. El raver disfruta del sonido, del escenario, de los demás y de si mismo, así como el DJ disfruta de la conexión con cada espectador que gustoso le permite guiar su viaje. El sentido de la experiencia radica en la comunión, en conectarnos con algo que sentimos perdido: el amor por los congéneres, la unión con la naturaleza, la paz que da el contacto con el alma y el respeto por la vida.
Los saltimbanquis encuentran en los sonidos repetitivos una manera de expresar su individualidad, teniendo todos una misma fuente para desbocarla en un baile frenético, homologado, pero único. Los ravers encuentran la (in)consciencia cerca de los 20,000 Hertz, frecuencia en la que sienten una mano divina tocar su espalda, impulsándolos a fortalecer su cuerpo, mente y espíritu.
El culto a Dionisio traducido a un mundo post-moderno se ve expresado en estas fiestas electrónicas. La desesperanza que produce un mundo pasado por las dos grandes guerras, en el que nos sentimos atrapados en una caja transparente y en el que no queda nada más por hacer, encuentra un escape en la sensación pura rayando en la contemplación. La rave es una zona temporalmente autónoma (T.A.Z.), que bajo la bandera de la fiesta libera un área y se disuelve hasta reconstruirse en otro lugar y otro tiempo antes de que el sistema pueda reducirla. Una noche y un amanecer para despertar a la esperanza o al sinsentido.

1 Comment »

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  1. Hey Ratón, no esperaba encontrarme con nada de esto en tu blog, pero bueno me has sorprendido. Los escritos están bién buenos. Me colgaría a leer de todo un poco, pero debo ocuparme de varios asustos. Será en cuotas. Bueno chabalote sigue adelante que está muy bueno.

    Comment by JAvi — 16 February of 2009 @ 3:13 pm

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