Episteme (o uno de los lados oscuros del corazón)
Oliverio recalcitrante la maldecía.
- Muerte puta, muerte cruel, muerte implacable, muerte inexorable, misteriosa muerte, muerte súbita, muerte accidental, muerte en cumplimiento del deber.
Ella tranquilamente respondió.
- ¿Qué sería de ti sin mí?
Oliverio no pudo evitar seguirla y en un arrebato de ira, le dijo:
- Te encantaría que te metiera la mano entre las piernas, que te manoseara las tetas, ¡muerte puta!
Ella siempre le recomendó un trabajo de banquero o de creativo de agencia de publicidad, él promiscuamente tomo de oficio buscar a la que volaba.
Después de un sorbo de café, harta de las usuales niñerías de Oliverio, le compartió una reflexión, hecha de años y cotidianidad.
- Aunque te portes como un niño, ya no sos un niño, sos grande, y ya deberías saber que el amor es una trampa, una trampa que se tiende al hombre para perpetuar la especie, un mecanismo, es un mecanismo, tan necesario como el trabajo que yo hago, pero no es mas que eso, es solo eso, intervengo en casos de amor aunque a veces no sea justo.
Aspiro aire profusamente antes de arremeter con las siguientes palabras.
- El amor nunca puede pasar por tus manos, la justicia nunca puede pasar por tus manos, aunque se mate en nombre de la ley, y aunque se muera en nombre del amor.
Dicho esto, tomo su abrigo y se fue.
Rey Tiempo traicionero, porque no me dejaste ir más allá, hoy veo como se va mi futuro, abandonándome en un eterno presente, y lo peor, sin siquiera dejar pasión, para mi no hay más, vivir en un segundo, que más muerte que esa. Te entiendo Oliverio, encarcelado, veo volar plumas que se alejan. Auguro un pronto destierro, la vida se me va.

Me setní extremadamente atraído a hacer un comentario sobre este post. El lado oscuro del corazón, remitiéndonos a aquella película que es grandisoa para los desdichados, que envuelve a los mártires y náufragos del amor en versos gauchos, que nos enamora de una puta, nos eleva en la puta de un pene gigantesco y no recuerda, ante todo, que no somos ángeles, que no somos pájaros, que no tenemos alas, que no sabemos volar. Más allá de que el amor nos lleve o nos alejé de la vida, sea palpable, lo sintamos o sólo creamos sentirlo, el punto es que lo hemos nombrado. Ese bautizo nos mancha de un pecado poco original que confronta a unos y a otros en luchas intestinas interminables, y ese uno y ese otro están dentro de nosotros. Dentro de la multiplicidad de personalidades y desvaríos psicológicos con los que contamos, existe la dualidad polarizada entre deberes y placeres, ambos relativizados al extremo, tanto así que no existen. Hace tiempo que sabemos que todo es cuestión de precepciones, que somos lo que los nosotros y los demás imaginan de nosotros, que lo que hagamos estará bien o mal dependiendo del contexto, que nada existe. Hay máximas, hay hedonistas, epicureistas, empiristas, racionalistas, nihilistas, existencialistas y los que mandan, los apáticos de hoy, los que no creemos y queremos todo. Los Peter Pan y billones de nunca jamaces. Los absolutos se terminaron mis hermanos, la verdad y el bien, la metira y el mal. ¿Qué es lo queremos? Vayámos, hagámozlo.
Comment by Juan Pablo Osornio — 24 February of 2006 @ 11:30 pm