Respuesta a Respuesta a lenguas
Te reconocí, caricia infante, suave roce de mano con muslo, de muslo con mano, te conozco desde aquí, y desde allá, te olí desde que estabas en su vientre, estertor de deseo, mariposa de recuerdo, y sí, ahora, adulta, te deseo aún más, sigues siendo lujuria, adicción, pero sobre todo, sigues siendo tú.

A penas y eran unos cuantos pasos los que nos separaban. Cada uno en una relación íntima con las teclas de su teclado, no hacía falta más, el simple golpeteo de la llema de mis dedos me transportaba, golpeaba tus costillas, tus caderas, tu vientre, tu cabeza. Mis manos resbalaban hasta el borde del escritorio, era tu tibia, tu peroné, tu tobillo, tu pie. Recorrí entonces tu muslo, el abductor y el cuadriceps, tus nalgas, tu sacro, tu cadera izquierda, hasta darte la vuelta quedando frente a ti mientras daba un trago al café.
Comment by Juan Pablo Osornio — 31 January of 2006 @ 2:03 am