Una tarde de melancolía

26 January of 2006

Si algun dia desearas hacer algo por mí, no olvides trasmutar en Erato, regalarme un Azan y tratame como si fuera Arcas.

Te grito en veinte idiomas, tres dialectos y una lengua muerta uno de mis silencios, el cual escuchas como saludo cortés, platica mundana y despedida.

Te brindo ocho coplas, murmuradas cariñosamente al oido, para decirte que hoy, mi alma turulata se desmorona. Soy migaja, soy arena, pero no has de sentirte triste, pues la migaja es pan, y la arena es playa y mar, soy todo y nada, no me iré, y me iré.

Los dias se agolpan, se arremolinan, se vomitan, y yo, en la vorágine del tiempo, sin brújula, ni astrolabio, me pierdo en un segundo.

Quiero ser estoque, blandirme orgulloso antes de hundirme profundo en tí. Sentir tu carne palpitante rindiendose. Estocada de oreja, dos orejas, de rabo. Deseo herirte de muerte, arrodillarte y cuando esperes el descabello, tomarte entre mis brazos, arrebatar una ultima pulsación y dejarte ir, sin más, sin mí.

Lenguas

Dos lengüetazos por aquí, otros tres por alla, eso fue lo que desencadeno todo; cinco miradas fueron suficientes para levantar el puente hacia tu boca y dejar entrar mi palabra, que se te clavo hondo en la garganta. Tu cuerpo se estremeció. Mi lengua, cual ariete, quiere tumbar toda inhibición que te pudiera quedar y asì desnudita de ropas e inhibiciones, te entregues al placer, al placer en sí. Derrumba los tapujos que se hayan filtrado, y dejanos al descubierto: dos seres deseosos de saborearse, hambrientos de carne, hechos exclusivamente para ese momento, esculpidos para sentir.